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Ksamil y la Riviera albanesa

Ksamil y la Riviera albanesa: el secreto mejor guardado del mar Jónico

Durante buena parte del siglo XX, Albania fue uno de los países más cerrados del planeta. Viajar allí era prácticamente imposible y lo que ocurría dentro de sus fronteras llegaba al resto del mundo en fragmentos. Por eso, cuando hoy recorremos su costa sur y aparecen playas de agua turquesa, islotes cubiertos de pinos y pueblos de piedra colgados de las montañas, la primera reacción suele ser de sorpresa. Cuesta creer que un lugar así haya permanecido tanto tiempo fuera del mapa turístico europeo.

Ksamil y la Riviera albanesa

La Riviera albanesa se extiende frente al mar Jónico, entre el paso de Llogara y la frontera con Grecia. Al sur de todo, casi frente a la isla griega de Corfú, está Ksamil, un pequeño pueblo que en pocos años pasó de ser un rincón casi desconocido a convertirse en una de las imágenes más compartidas de los Balcanes. Recorrer esta costa es descubrir un país que todavía está definiendo su relación con el turismo y que, precisamente por eso, conserva una autenticidad que en otros destinos del Mediterráneo ya cuesta encontrar.

Un país que estuvo cerrado durante décadas

Un país que estuvo cerrado durante décadas – Ksamil y la Riviera albanesa

Para entender la Albania actual hay que mirar un momento hacia atrás. Entre el fin de la Segunda Guerra Mundial y 1991, el país vivió bajo un régimen comunista extremadamente aislado, liderado durante décadas por Enver Hoxha. Albania rompió relaciones con casi todos, incluidos sus antiguos aliados, y se encerró en sí misma. Uno de los símbolos más visibles de esa época son los búnkeres. Se construyeron por decenas de miles a lo largo del país, en playas, cerros y ciudades, como preparación para una invasión que nunca llegó.

Hoy muchos siguen ahí. Algunos están abandonados, otros fueron pintados, convertidos en cafés, pequeños museos o simplemente integrados al paisaje. Verlos junto a playas paradisíacas genera un contraste extraño y muy revelador. Nos recuerda que la apertura de Albania es reciente y que el país que hoy recibe viajeros con enorme hospitalidad viene de un pasado muy distinto.

Ksamil: el Caribe que aparece en Europa

Ksamil: el Caribe que aparece en Europa – Ksamil y la Riviera albanesa

Ksamil es pequeño, y esa escala forma parte de su encanto. Frente a la costa aparecen varios islotes a los que se puede llegar en bote y, en algunos casos, incluso nadando. El agua tiene un color que cambia entre turquesa, verde y azul intenso, y en los días de calma es tan transparente que se ve el fondo a varios metros de profundidad. No es extraño que muchos viajeros lo comparen con el Caribe, aunque el paisaje que lo rodea, con olivos, pinos y montañas, es inconfundiblemente mediterráneo.

En temporada alta Ksamil recibe mucha gente y las playas se llenan de reposeras y bares. Aun así, sigue siendo un lugar ideal para hacer una pausa dentro de un viaje intenso: bañarse, comer pescado fresco frente al mar y quedarse a ver cómo el sol cae detrás de las islas. Desde algunos puntos de la costa, en días despejados, se distingue Corfú al otro lado del estrecho, un recordatorio de lo cerca que estamos de Grecia.

Butrinto: una ciudad antigua entre lagunas

Butrinto: una ciudad antigua entre lagunas – Ksamil y la Riviera albanesa

A pocos kilómetros de Ksamil se encuentra uno de los sitios arqueológicos más importantes de los Balcanes. Butrinto, Patrimonio de la Humanidad desde 1992, es una ciudad que estuvo habitada durante más de dos mil años y que pasó por manos griegas, romanas, bizantinas y venecianas. Lo especial no es solamente lo que se conserva, sino dónde se conserva. Las ruinas están rodeadas de bosque, lagunas y canales, en un parque natural donde la historia y la naturaleza se mezclan de una manera muy poco habitual.

Caminando por el sitio pasamos por un teatro griego, restos de baños romanos, un baptisterio con mosaicos, murallas y una fortaleza veneciana desde la que se domina el paisaje. Cada época dejó su capa sobre la anterior. Recorrer Butrinto es, de alguna forma, leer la historia del Mediterráneo en un solo lugar, sin multitudes excesivas y con el sonido de los pájaros acompañando la visita.

Sarandë, la puerta del sur

Sarandë, la puerta del sur – Ksamil y la Riviera albanesa

Sarandë es la ciudad más grande del sur de la Riviera y funciona como punto de partida para recorrer la zona. Tiene un paseo marítimo largo, cafés, restaurantes y una vida urbana que contrasta con la tranquilidad de los pueblos cercanos. Desde su puerto salen ferris hacia Corfú, lo que la convierte en un punto de conexión natural entre Albania y Grecia.

Sobre la ciudad, en lo alto de un cerro, está el castillo de Lekuresi. Desde allí la vista abarca la bahía, la costa y, en días claros, la silueta de Corfú. Es uno de los mejores lugares para ver el atardecer en esta parte de Albania y una buena manera de entender la geografía de la costa antes de seguir viaje hacia el norte.

El Ojo Azul y el interior que sorprende

El Ojo Azul y el interior que sorprende – Ksamil y la Riviera albanesa

No todo en el sur de Albania es mar. A poca distancia de la costa aparece el Ojo Azul, un manantial natural donde el agua brota desde una profundidad que todavía no ha sido medida con precisión. El color es tan intenso que parece irreal: un círculo azul profundo rodeado de tonos turquesa y vegetación. El agua sale fría durante todo el año y la sensación al llegar es la de haber encontrado un lugar secreto en medio del bosque.

Más hacia el interior está Gjirokastër, otra ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad, conocida como la ciudad de piedra. Sus casas otomanas, con techos de lajas grises, suben por la ladera de la montaña bajo un gran castillo. Es un excelente complemento para quien quiere entender que Albania no es solamente un destino de playa, sino un país con una historia urbana y cultural muy rica.

La carretera de la Riviera y el paso de Llogara

La carretera de la Riviera y el paso de Llogara – Ksamil y la Riviera albanesa

Hacia el norte, la carretera costera es una experiencia en sí misma. Avanza entre montañas que caen hacia el mar y pasa por pueblos como Himarë y Dhërmi, con playas de piedras blancas y agua muy clara. En varios tramos la ruta sube y baja en curvas cerradas, y cada vuelta revela una nueva bahía.

El punto culminante es el paso de Llogara, a algo más de mil metros de altura, dentro de un parque nacional con bosques de pinos. Desde los miradores se ve la costa extendiéndose hacia el sur y el mar Jónico abriéndose hasta el horizonte. Es uno de los paisajes más impresionantes de los Balcanes y un buen ejemplo de por qué la Riviera albanesa merece recorrerse sin prisa.

Comer en Albania

Comer en Albania – Ksamil y la Riviera albanesa

La cocina albanesa es sencilla, abundante y muy ligada al territorio. En la costa dominan el pescado fresco, los mariscos y el aceite de oliva. En el interior aparecen carnes a la parrilla, cordero, quesos, yogur, verduras rellenas y pasteles salados de masa fina como el byrek. Hay influencias griegas, turcas e italianas, pero el resultado tiene una identidad propia.

Uno de los aspectos que más sorprende a los viajeros es la hospitalidad. En Albania existe una tradición muy fuerte de recibir bien al visitante, y eso se nota en los restaurantes familiares, en los pequeños hoteles y en el trato cotidiano. Comer aquí no es solamente alimentarse. Es una forma de entrar en contacto con la gente y con la manera en que el país está abriéndose al mundo.

Cuándo recorrer la Riviera albanesa

Cuándo recorrer la Riviera albanesa – Ksamil y la Riviera albanesa

La temporada alta en la costa albanesa va de julio a agosto. Es el momento de mayor ambiente, con todos los restaurantes y servicios funcionando, pero también el de mayor cantidad de visitantes, especialmente en Ksamil, donde las playas pueden llenarse desde temprano. Para muchos viajeros, los mejores meses son junio y septiembre. El mar ya está cálido o todavía conserva el calor del verano, los días son largos y luminosos, y la costa se recorre con más tranquilidad. Mayo y octubre también pueden ser muy agradables para visitar Butrinto, Gjirokastër o el Ojo Azul, aunque el agua se siente más fresca para bañarse.

Hay un aspecto práctico que conviene considerar. Muchas playas de Ksamil y de la Riviera funcionan con reposeras y quitasoles que se arriendan por día, y en temporada alta es habitual que los mejores lugares se ocupen temprano. También conviene llevar calzado para el agua, porque varias playas son de piedra. Son detalles pequeños, pero hacen una gran diferencia para disfrutar la costa con comodidad y aprovechar al máximo cada día frente al mar Jónico.

Albania dentro de nuestro viaje de Atenas a Dubrovnik

Albania dentro de nuestro viaje de Atenas a Dubrovnik – Ksamil y la Riviera albanesa

En nuestro recorrido de Atenas a Dubrovnik, Albania ocupa un lugar especial. Después de la intensidad histórica de Grecia, la Riviera albanesa aparece como un cambio de ritmo: playas, pueblos pequeños, ruinas rodeadas de naturaleza y la sensación de estar descubriendo un país antes de que todo el mundo lo haga. Luego, el camino continúa hacia Montenegro y la costa dálmata, y Albania queda en el recuerdo como el gran hallazgo del viaje.

Viajar en grupo en un destino como este tiene una ventaja concreta. La infraestructura turística está creciendo rápidamente, pero todavía es desigual, y contar con traslados organizados, hoteles seleccionados y guía en español permite disfrutar de lo mejor de Albania sin preocuparse por los detalles. Lo único que queda es mirar el mar, caminar entre ruinas y dejar que el país nos sorprenda.