Pocas ciudades del mundo tienen una ubicación tan espectacular como Ciudad del Cabo. Detrás de los edificios se levanta una montaña de cima completamente plana, a sus pies se extiende una bahía abierta al Atlántico y, hacia el sur, una península rocosa avanza hacia el lugar donde durante siglos los navegantes sintieron que terminaba el mundo conocido. Cuando llegamos y vemos por primera vez la Montaña de la Mesa cubierta por su famosa nube, entendemos por qué tantos viajeros consideran que esta es una de las ciudades más bellas del planeta.
Pero Ciudad del Cabo es mucho más que un paisaje. Es una ciudad cosmopolita, con una gastronomía excelente, barrios llenos de color y una historia compleja que ayuda a comprender la Sudáfrica actual, desde la llegada de los europeos hasta el apartheid y la transición liderada por Nelson Mandela. Para quienes viajan por primera vez al sur de África, es el punto de partida perfecto: un lugar donde la naturaleza, la cultura y la historia se mezclan en cada rincón.
La Montaña de la Mesa
La Montaña de la Mesa domina toda la ciudad. Su cumbre plana se extiende por varios kilómetros a más de mil metros de altura y, en 2011, fue elegida como una de las nuevas siete maravillas naturales del mundo. Se puede subir caminando por senderos exigentes o, de forma mucho más cómoda, en un teleférico cuya cabina gira lentamente durante el ascenso para que todos los pasajeros disfruten de la vista completa.
Desde arriba, el panorama es extraordinario: la ciudad, el puerto, la bahía, la isla de Robben y, hacia el sur, la cadena de montañas que avanza hacia el cabo. Cuando el viento sopla desde el sureste, una capa de nubes cubre la cima como un mantel, fenómeno que los locales llaman precisamente así. Por eso conviene estar atentos al clima y aprovechar el primer día despejado para subir.
La península del Cabo y Chapman’s Peak
Uno de los paseos más espectaculares de Sudáfrica es el recorrido por la península del Cabo. La ruta avanza por la costa atlántica pasando por playas como Camps Bay y Llandudno, y luego continúa por Chapman’s Peak Drive, una carretera tallada en la roca que bordea acantilados sobre el océano. Cada curva ofrece una nueva vista, y es difícil resistir la tentación de detenerse en cada mirador.
A lo largo del camino aparecen pequeños puertos de pescadores como Hout Bay, desde donde salen embarcaciones hacia una isla habitada por focas, y pueblos costeros con cafés y restaurantes de pescado fresco. Es un día completo de paisajes, aire marino y la sensación de estar recorriendo el extremo sur de un continente.
El cabo de Buena Esperanza
Al final de la península se encuentra el cabo de Buena Esperanza, un nombre cargado de historia. Fue doblado por el navegante portugués Bartolomeu Dias a fines del siglo XV, abriendo la ruta marítima entre Europa y Asia. Aunque muchos creen que aquí se juntan el Atlántico y el Índico, ese punto está en realidad más al este, en el cabo Agulhas. Aun así, la sensación de estar en el fin del mundo es inevitable.
El cabo forma parte de un parque natural con senderos, playas salvajes y fauna como avestruces, antílopes y babuinos. Subir hasta el faro de Cape Point permite ver los acantilados cayendo verticalmente hacia el océano y comprender por qué estas aguas fueron tan temidas por los marinos durante siglos.
Los pingüinos de Boulders Beach
En el camino de regreso por la costa de False Bay aparece una de las visitas más simpáticas del viaje. En Boulders Beach, cerca del pueblo de Simon’s Town, vive una colonia de pingüinos africanos. Estos pequeños pingüinos caminan entre grandes rocas de granito, se bañan en aguas cristalinas y anidan en la arena, a pocos metros de las pasarelas por donde circulan los visitantes.
El pingüino africano es una especie en peligro de extinción, por lo que la colonia está protegida y el recorrido se hace por pasarelas que permiten observarlos sin molestarlos. Verlos tan cerca, con su andar torpe y sus sonidos característicos, es uno de esos momentos que sorprenden incluso a los viajeros más experimentados.
Robben Island y la memoria de Mandela
Frente a la ciudad, en medio de la bahía, se encuentra Robben Island. Durante siglos fue lugar de exilio y prisión, y durante el apartheid se convirtió en la cárcel de máxima seguridad donde estuvieron encerrados muchos presos políticos. El más conocido fue Nelson Mandela, que pasó allí dieciocho de sus veintisiete años de cárcel.
Hoy la isla es Patrimonio de la Humanidad y museo. Las visitas, que salen en barco desde el puerto, suelen ser guiadas por antiguos presos políticos, lo que convierte la experiencia en algo profundamente humano. Ver la pequeña celda de Mandela y escuchar los testimonios de quienes vivieron allí permite comprender el precio que tuvo la libertad en Sudáfrica y el valor del proceso de reconciliación que vino después.
La historia del apartheid también se comprende en otros lugares de la ciudad, como el Museo del Distrito Seis, que recuerda a las miles de personas expulsadas de su barrio por razones raciales en las décadas de 1960 y 1970. Son visitas que ayudan a entender que la Sudáfrica actual, diversa y vibrante, se construyó sobre un pasado reciente muy doloroso, y que el país sigue trabajando para superar sus profundas desigualdades.
Bo-Kaap y el V&A Waterfront
Ciudad del Cabo también se disfruta caminando. El barrio de Bo-Kaap, a los pies de Signal Hill, es famoso por sus casas pintadas de colores intensos y sus calles empedradas. Es el corazón histórico de la comunidad malaya del Cabo, descendiente en gran parte de personas traídas desde el sudeste asiático en la época colonial, y conserva mezquitas antiguas y una cocina llena de especias.
A pocos minutos está el V&A Waterfront, el puerto renovado de la ciudad, con restaurantes, mercados gastronómicos, tiendas y vistas a la Montaña de la Mesa. Es un lugar perfecto para comer bien, pasear al atardecer y sentir el ambiente cosmopolita de una ciudad que mira al mundo.
Kirstenbosch, un jardín único
En la ladera oriental de la Montaña de la Mesa se encuentra Kirstenbosch, considerado uno de los jardines botánicos más hermosos del mundo. Está dedicado exclusivamente a la flora nativa de Sudáfrica, en particular al fynbos, una vegetación única que crece solo en esta región del Cabo y que incluye cientos de especies de proteas, la flor nacional del país.
Uno de sus atractivos es una pasarela elevada que serpentea entre las copas de los árboles, ofreciendo vistas del jardín y de la montaña. Es un lugar tranquilo, ideal para caminar con calma y descubrir que la región del Cabo tiene una de las mayores concentraciones de especies vegetales del planeta.
Stellenbosch y la ruta del vino
A menos de una hora de la ciudad, el paisaje cambia a valles rodeados de montañas y cubiertos de viñedos. Stellenbosch, Franschhoek y Paarl forman una de las regiones vitivinícolas más reconocidas del hemisferio sur. La tradición del vino llegó con los colonos holandeses y se fortaleció con los hugonotes franceses que se establecieron aquí a fines del siglo XVII.
Las bodegas combinan arquitectura colonial holandesa del Cabo, jardines cuidados y restaurantes de primer nivel. Para quienes venimos de Chile, es interesante comparar estilos, cepas y paisajes. La variedad emblemática del país es la pinotage, una creación sudafricana que vale la pena probar. Una tarde de degustación con las montañas de fondo es una forma perfecta de disfrutar el ritmo más pausado del Cabo.
Comer en Ciudad del Cabo
Ciudad del Cabo es una de las capitales gastronómicas de África, y su cocina refleja la mezcla de culturas que formaron la ciudad. La herencia malaya del Cabo se nota en platos como el bobotie, un pastel de carne especiada cubierto con una capa de huevo, y en los currys suaves y aromáticos de Bo-Kaap. La tradición del braai, la parrilla sudafricana, es casi una institución nacional y reúne a familias y amigos alrededor del fuego, algo que a los chilenos nos resulta muy familiar.
La ubicación frente a dos océanos garantiza pescados y mariscos frescos, y los mercados gastronómicos de fin de semana, como los del barrio de Woodstock, son un buen lugar para probar cocina local, productos artesanales y vinos de la región. Muchos restaurantes de la ciudad y de la ruta del vino figuran entre los mejores del continente, y una cena con vista a la montaña o al mar puede convertirse en uno de los grandes recuerdos del viaje.
Ciudad del Cabo en nuestro viaje por el sur de África
Ciudad del Cabo es el punto de partida ideal para un viaje por el sur de África. Después de conocerla, la ruta puede continuar hacia el Parque Nacional Kruger para vivir un safari, y luego hacia las Cataratas Victoria y el río Chobe, en Botswana. Esa combinación de ciudad, safari y una de las grandes maravillas naturales del planeta es la que estamos preparando en nuestro próximo programa.
Sudáfrica ofrece además una ventaja práctica: buena infraestructura, hoteles de excelente nivel y una gastronomía que sorprende. Viajar en grupo, con guía en español y todo coordinado, permite aprovechar al máximo cada día. Ciudad del Cabo es una de esas ciudades que se quedan en la memoria, y que nos recuerdan que África es mucho más diversa de lo que imaginábamos.

